Opinión

Los liderazgos líquidos

05 de diciembre de 2023

Las seis semanas de movilizaciones cívicas y de protestas ciudadanas, pusieron la lupa sobre un gobierno ausente y un Estado a la deriva. La mayoría ciudadana ha conectado la relación directa entre el deterioro que experimentan por la mala gestión de la administración pública y el relato vacío de la política.

La panameña es una sociedad atravesada por el hartazgo y agobiada por la crisis económica. Es una sociedad atrapada en una telaraña de subsidios, privilegios y distorsiones que han terminado por crear una economía inviable. Romper con los privilegios y estimular los derechos, es una de las primeras demandas de una nueva relación entre la sociedad y el poder político y económico.

Hasta ahora ha funcionado el pacto entre las élites económicas, que actúan por encima de lo que exija, espere o sueñe la ciudadanía. Las protestas en las calles tienen, entre otros mensajes, que la mayoría de panameños rechaza la construcción de opciones parciales y excluyentes como ha sido la práctica hasta ahora.

Está puesta sobre la mesa, una profunda reconfiguración de la sociedad. De una sociedad que ha demostrado que quiere cambios impostergables y reformas profundas. Pero también una sociedad cada vez más volátil, más impaciente y más embarcada en dinámicas aceleradas de construcción y demolición de los nuevos liderazgos. De líderes surgidos de las redes sociales que no sobreviven a lo efímero y lo inconstante. Se produce el fenómeno de influencers devenidos en líderes.

De allí, entonces, la entrada en escena de los llamados liderazgos líquidos. Aquellos que surgen de la fragmentación y la horizontalidad exacerbada en las redes sociales, alimentada por la polarización y cierto fanatismo.

Lo que sigue, es mantener vivas las movilizaciones sociales a través de una identidad propia y un plan de acción pragmático, racional, moderado e inclusivo. Debe contarse con una narrativa que fundamente todo el esfuerzo y sacrificio desplegados ante el objetivo de cancelar las operaciones de Minera Panamá.

Este episodio -parte de la historia de las grandes gestas nacionales- debe significar un punto de quiebre hacia un cambio de modelo político, económico y social.

La política, como se la ha conocido hasta ahora, luce desfigurada. Las dinámicas de las transformaciones sociales muestran un ritmo más vertiginoso. La pandemia, y sobre todo la cuarentena, aceleraron esas rupturas. El estancamiento económico, la revolución digital global y la devaluación de los liderazgos tradicionales, también han sido combustible para la actual tormenta.

La independencia demostrada por la CSJ [Corte Suprema de Justicia] con respecto al poder político, despierta esperanzas de la existencia de frenos y controles dentro de los órganos del Estado.

Reconquistar el futuro de millones de panameños debe tener una base ética. Eso solo se logra con la reformulación de todo el andamiaje político, económico y social, basado en principios éticos que prioricen el desarrollo de las capacidades de las personas para poder construir una vida digna.

* El autor es periodista y diplomático.

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