La codicia, raíz de todos los males
El deseo vehemente de riquezas es una plaga contemporánea que azota al mundo.
Lo triste es que, contrario a otros países, en Panamá no se dan acciones contundentes de que el crimen no paga.
El espectáculo deprimente de políticos y empresarios codiciosos, me lleva a preguntar dónde están los padres responsables de su formación.
Por ejemplo, en Perú, el decepcionado progenitor del expresidente Ollanta Humala, preso por lavado de activos y recibir tres millones de Odebrecht, calificó a su hijo de traidor a la patria. Ver familias enteras involucradas en delitos obliga a pensar en la clase de enseñanzas y ejemplos recibidos en casa. El dinero es útil, pero cuando te llaman a servir a la patria no hay familia ni amigos, el fin último es servir a la nación.
¡Esta atrofia moral desalienta! Y a estas alturas, frente a tantos casos y cero condenas, me apropio de una frase del ex presidente Mujica: “Yo quiero saber la verdad, pero en la justicia no creo un carajo".
María Teresa Patiño Amor
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* La autora es comunicadora social.