Entre la verdad y la mentira
A lo largo de casi cincuenta años de ejercer el periodismo he conocido muchas formas de los gobiernos de entretener o distraer a la ciudadanía con “bombas de humo” para que nos olvidemos de los temas puntuales. A veces es muy fácil detectar cada una de estas distracciones, pero en otras nos quedamos enredados “entre la verdad y la mentira”.
A lo largo de los últimos tres años hemos sido testigos de que cada vez que el gobierno del presidente Juan Carlos Varela se ve en apuros, comienza el desfile de supuestos culpables de delitos contra el erario público que formaron parte del gobierno anterior.
Inmediatamente los medios hacemos fila frente al edificio donde están ubicadas las fiscalías para colaborar en esta fiesta mediática, sabiendo que al final los cuestionados pasarán el susto de sus vidas, aunque la mayoría termina en sus “casa o país por cárcel”. No pretendo decir que esto sea una realidad, pero igualmente no me gusta pecar de ingenuo.
Lo único real es que durante los últimos trece años, la Procuraduría de la Nación ha levantado un invulnerable muro que impide conocer los nombres de los involucrados en el tema de las coimas pagadas por la empresa brasileña Odebrecht y eso nos hace sospechar que algo se quiere ocultar. Como decían nuestros abuelos, “en la otra orilla se está asando morcilla y hasta acá nos llega el olor”.
Hay una absoluta verdad y es que existen culpables. La ciudadanía exige que la justicia sea ciega sin importar de qué gobierno o de qué partido político son los corruptos. Tan solo eso estamos exigiendo.
* El autor es periodista.