En un país que envejece, planificar la vejez es un compromiso personal
Comenzar a hablar de la vejez no debería iniciar cuando llega una enfermedad, la jubilación o una emergencia. Envejecer es parte del ciclo de la vida, y prepararnos puede ayudarnos a conservar nuestra autonomía, a tomar nuestras propias decisiones y a desarrollar vínculos.
Planificar nuestra vejez no exige tener todas las respuestas ni mucho dinero; significa conversar a tiempo sobre dónde queremos vivir, quién podrá apoyarnos, cómo vamos a cuidar nuestra salud y qué recursos tendremos para ello. Implica además ordenar documentos, conocer nuestros derechos y expresar nuestros deseos antes de que otros deban decidir por nosotros.
Hablar sobre estos temas suelen posponerse porque casi siempre es una conversación que incomoda; la familia lo interpreta como el inicio de la dependencia; sin embargo, anticiparnos no ayuda a no perder libertad; nos permite participar en las decisiones que se tomen y reduce la incertidumbre del que harán para quienes queremos.
Está conversación también requiere de un estado y una sociedad que ofrezca entornos accesibles, opciones de cuidado y oportunidades para que las personas mayores puedan seguir aportando. La autonomía en la vejez no depende solo de nuestra voluntad como individuo: también requiere de condiciones que la hagan posible.
No existe una edad única para empezar a planificar la vejez. Pero ante una sociedad que envejece podemos iniciar hoy haciéndonos esta pregunta: ¿qué quisiera que mi familia supiera sobre la vida que deseo tener al envejecer? Hablarlo con respeto es una forma de cuidarnos mutuamente.
***La autora es Licenciada. Gerontóloga GR Consultores y miembro del Instituto Gerontológico de Panamá***