El queso que no era queso
Debo señalar que soy fanático del queso en cualquiera de sus formas y presentaciones. He probado muchos, hasta los impagables. Y ahora veo con asombro que hasta el queso ya no es queso, con aquello de las imitaciones. El queso es uno de los alimentos más antiguos y versátiles del mundo. Se elabora a partir de la leche de vaca, cabra, oveja, búfala, entre otras, mediante un proceso de coagulación que separa la parte sólida (cuajada) del suero. Se moldea, se prensa y según el tipo, se deja madurar por distintos períodos. El resultado: una gama infinita de sabores, texturas y aromas que reflejan tanto la técnica como la cultura de cada región y del mundo. Hoy se ha desatado una discusión de los productos alimenticios conocidos como sucedáneos. Alimento que imita a otro en su apariencia, sabor y textura, pero que no está hecho con los ingredientes del producto original. Es una imitación del tradicional. A menudo con un valor nutritivo más bajo. Un ejemplo muy común que imitan son el queso, leche, yogur y mantequilla, que están hechos con aceites vegetales como el de palma o soya en lugar de leche de vaca. Su composición y su valor nutricional es distinta a la del alimento que imitan. Su precio es más bajo, debido a que su costo de producción es menor. El término “sucedáneo” no siempre implica que el producto sea malo, ya que ofrecen una alternativa viable para personas con alergias o dietas especiales. La clave está en ser un consumidor informado y leer el etiquetado de los productos. * Periodista.