El que no la vive, no la entiende
“El que no la vive, no la entiende” es una frase que suele repetirse en distintos momentos de la vida, y pocas veces cobra tanto sentido como cuando se juzga el dolor ajeno. El reciente fallecimiento de una influencer panameña, quien presuntamente se quitó la vida tras atravesar situaciones relacionadas con el padre de sus hijos, ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que merece reflexión más que juicios.
Lo más preocupante no ha sido solo la noticia, sino la cantidad de comentarios en redes sociales cargados de poca empatía, muchos de ellos provenientes de otras mujeres. Resulta sencillo escribir desde la comodidad de una pantalla: “Yo me habría ido”, “Eso nunca me pasaría” o “Debió tomar otra decisión”. Sin embargo, las batallas emocionales y los problemas de salud mental no se resuelven con una frase ni con una decisión que parece obvia para quien observa desde afuera.
Cada persona enfrenta circunstancias distintas, y nadie conoce el peso que otro carga en silencio. Antes de opinar, conviene recordar que las palabras también pueden herir. La empatía no significa justificar todo, sino entender que no siempre comprendemos la realidad del otro. Si un comentario no aporta comprensión, respeto o consuelo, quizá el silencio sea la mejor muestra de humanidad.