El dolor que ya no cabe en el Metro
Hoy caminé por el Metro de Panamá y salí con el alma golpeada. Lo que vi no fue solo una escena incómoda; fue un retrato crudo de la realidad que estamos permitiendo crecer frente a nuestros ojos.
La mendicidad en Panamá aumenta cada día, y ya no se esconde en las esquinas: se ha metido también en el tren, en los pasillos, en el lugar donde miles de personas pasan sin detenerse a mirar.
Y eso duele. Duele profundamente.
Duele ver a personas pidiendo ayuda con la mirada cansada, con el cuerpo vencido por la necesidad y con la esperanza reducida a unos cuantos minutos de compasión ajena.
Detrás de cada mano extendida hay hambre, abandono, desempleo, enfermedad o desesperación. No son cifras. No son obstáculos en el camino. Son seres humanos.
Lo más triste es que estamos empezando a acostumbrarnos. Y cuando una sociedad se acostumbra al dolor ajeno, algo esencial se rompe. El Metro representa avance, orden y modernidad, pero también está mostrando una herida social que no podemos seguir maquillando. Panamá necesita reaccionar. Con corazón, con urgencia y con acciones reales. * Abogado y analista político.