Discriminar también es decir “péinate mejor”
Asumirse afrodescendiente en una sociedad que todavía arrastra prejuicios no siempre es un camino sencillo. A veces comienza con algo tan íntimo y cotidiano como el cabello. Decidir llevarlo natural, en trenzas, locs o dreads no debería ser un acto de valentía, pero muchas veces lo es. Detrás de cada estilo hay siglos de resistencia, memoria y cultura que han sobrevivido a décadas de exclusión.
Sin embargo, todavía hay quienes asocian el cabello afro natural con desorden, rebeldía o falta de profesionalismo. Es una idea que se repite en pasillos escolares, entrevistas de trabajo, oficinas y espacios públicos, donde lo distinto incomoda y se intenta moldear. Esa presión constante envía un mensaje peligroso: que para encajar hay que cambiar lo que se es. Es aún más difícil cuando se trata de un niño. Enseñarle a sentirse orgulloso de sus raíces mientras enfrenta burlas o bullying en la escuela no es tarea fácil. No debería tener que defender su identidad en la etapa en que apenas construye su autoestima y nunca. Pero cuando encuentra apoyo y referentes, algo poderoso sucede: en el momento exacto en que agarra fuerza y valentía, se apropia de su historia y la convierte en orgullo. Y ese orgullo, aprendido y defendido, transforma para toda la vida. * Periodista.