Desde Venecia, hablando de Panamá
El 19 de octubre de 1997, como decana del Cuerpo Consular de Venecia, me correspondió dar la bienvenida a Lamberto Dini y a su esposa. Dini había sido primer ministro de Italia y en ese momento era ministro de Asuntos Exteriores.
Hablé en nombre de un cuerpo consular que reunía a representantes de 36 países acreditados en Venecia. Conservo las fotografías y el discurso que pronuncié ese día. Al volver a leerlo, encuentro dos asuntos que quise poner sobre la mesa.
El primero era la labor de los cónsules. Dije que nuestra función no siempre recibía el reconocimiento que merecía y que debíamos tener una relación más cercana con Venecia. Podíamos organizar actividades culturales, compartir algo de nuestros países y participar en la vida de la ciudad. Así entendía yo una parte importante del trabajo consular.
El segundo asunto era Panamá. En mi discurso hablé del retorno del Canal a la soberanía panameña, previsto para diciembre de 1999. Aún faltaban dos años, pero para nosotros no era un simple cambio de administración. El Canal había marcado la historia del país. Su transferencia significaba que Panamá asumiría una responsabilidad por la que había luchado durante generaciones. Quise hablar de ello en Venecia.
La ciudad había construido buena parte de su historia alrededor del comercio y las rutas marítimas. Desde la época de los dogos, los gobernantes de la antigua república, las decisiones sobre el mar habían tenido consecuencias para la vida de sus habitantes. Nuestra historia era distinta, pero allí podía explicar por qué el Canal importaba tanto para los panameños.
Viví más de diez años en Italia. Después de Venecia ejercí también como cónsul en Nápoles. Esa experiencia me dio la oportunidad de conocer otras formas de vida junto al mar y de mirar a Panamá desde fuera. Muchas personas conocían el Canal por los buques que lo atravesaban.
Yo quería que conocieran también lo que significaba para nuestro país. Las fotografías de 1997 guardan el recuerdo del encuentro. El discurso conserva algo que para mí sigue vigente: representar a Panamá también exige saber contar su historia. Aquel día, en Venecia, esa fue la historia que elegí contar.