Avanzar hacia la meritocracia pública, lo ideal
En Panamá hemos llegado a un punto peligroso: cientos de cargos en el gobierno están ocupados por personas sin título, sin idoneidad y, lo que es peor, sin verdadera vocación de servicio. Detrás de cada nombramiento por amiguismo o parentesco hay un mensaje devastador para el país: no importa el esfuerzo, no importa estudiar, no importa prepararse; lo que importa es “a quién conoces”. Así se van muriendo los valores. El funcionario improvisado firma, decide, contrata y administra recursos públicos sin la formación mínima para entender el daño que puede causar. Los que sí se quemaron las pestañas estudiando se sienten burlados, expulsados de un sistema que prefiere la lealtad política a la competencia profesional. Y el pueblo termina pagando la factura en forma de mala atención, corrupción y decisiones mediocres que afectan la salud, la educación y la seguridad de todos.Cuando el gobierno se llena de improvisados, el país se vacía de esperanza. Un Estado sin meritocracia es una fábrica de injusticia: premia la mediocridad y castiga el esfuerzo. Recuperar a Panamá empieza por una verdad sencilla pero profunda: los cargos públicos no son premios de campaña, son responsabilidades sagradas. Y solo gente preparada, honesta y con amor por esta tierra debe ocuparlos. * Abogado.