El calor, ¿la gran amenaza para el Tour de Francia?
Las cada vez más frecuentes olas de calor, como la que acaba de sacudir a Francia, suponen una amenaza para el Tour de Francia, que se ve obligado "a adaptarse". ¿Pero hasta el punto de tener que cambiar de fechas en un futuro cercano?
Un público que se asfixia, ciclistas con la sensación de "rodar delante de un secador de pelo" y una carrera acortada: los Campeonatos de Francia este fin de semana en Isère han ofrecido un adelanto de lo que podría esperarse de la Grande Boucle, que arrancará el sábado en Barcelona (España).
Según las previsiones, las temperaturas volverán a subir la semana que viene, poniendo a prueba a los corredores. Aunque, recuerda el seleccionador galo Thomas Voeckler, "no son gente como nosotros", sino "Fórmulas 1" acostumbrados al calor.
Que haga calor en las carreteras del Tour no es nada nuevo, como atestiguan las viejas imágenes en blanco y negro de corredores abalanzándose sobre las fuentes o entrando en los bares junto a la ruta.
Más recientemente, en 2022, una etapa entre Rodez y Carcasona se disputó sin incidentes con 40 grados, una temperatura a la que los corredores se enfrentan regularmente en enero en el Tour Down Under, en Australia.
Pero la multiplicación de las olas de calor y su intensidad creciente exponen cada vez más al Tour a la amenaza de tener que modificar, e incluso anular, una etapa —algo que nunca ha ocurrido por este motivo— para proteger a los corredores, pero también y quizá sobre todo a los cientos de miles de espectadores congregados a lo largo de las carreteras.
- "Suerte hasta ahora" -
"El Tour de Francia ha tenido mucha suerte hasta ahora al evitar casi todo el tiempo los episodios de calor extremo", subraya Benjamin Sultan, investigador del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) y coautor de un estudio que analiza las temperaturas de 50 años de Tour de Francia, entre 1974 y 2023.
"Teniendo en cuenta que vamos a tener más del doble de estas olas de calor a finales de siglo, es solo cuestión de tiempo que el Tour llegue a un punto crítico que obligue a modificar su desarrollo", añade el experto en clima.
Según su director, Christian Prudhomme, el Tour de Francia está obligado a "adaptarse" y ya ha comenzado a hacerlo, desde la misma concepción del recorrido.
"Hace apenas seis o siete años, sobre todo en la montaña, se pensaba que debía estar lo más despejado posible para que las conexiones técnicas funcionaran y que la gente pudiera aprovechar varios zigzags para ver a los corredores. Hoy, el planteamiento es casi el contrario: buscamos zonas arboladas porque para nosotros es absolutamente fundamental que el público pueda estar a resguardo", explica a la AFP.
"También hemos reducido considerablemente la distancia de las etapas, en un primer momento por una razón de interés deportivo, pero que ahora también puede justificarse por una cuestión de clima", añade el director del Tour.
- ¿Etapas más temprano? -
Una vez iniciada la carrera, los organizadores, basándose en un protocolo de calor y de fuerte calor elaborado por la Unión Ciclista Internacional (UCI), pueden autorizar más zonas de avituallamiento y ampliar los plazos de eliminación.
Hacer que las etapas salgan más temprano es una opción mucho más difícil de llevar a cabo, sobre todo cuando se trata de la carrera más grande del mundo, que moviliza a decenas de miles de agentes del orden, sin contar siquiera los contratos de retransmisión televisiva, los compromisos con los patrocinadores, etc.
Queda la solución más radical: cambiar las fechas del Tour de Francia. Sería una revolución, porque su imaginario está íntimamente ligado al mes de julio y a sus rituales asociados.
"Tuvimos una primera ola de calor y fue a finales de mayo", constata Prudhomme, insistiendo en que "las decisiones que se tomen en el futuro deberán concernir a todo el mundo del ciclismo y mucho más allá".
Porque el Tour de Francia es "el eje de la temporada" en torno al cual se organiza todo lo demás, señala.