Cultura

Ulloa advierte que los cambios de leyes serán insuficientes sin ética ciudadana

19 de julio de 2026

A través de una homilía de este domingo, monseñor Ulloa invitó a los panameños a realizar un profundo examen de conciencia a partir de las parábolas evangélicas del trigo y la cizaña, la semilla de mostaza y la levadura.

El mensaje central cuestionó la tendencia social de señalar siempre a los demás —ya sean políticos, empresarios, sindicalistas, extranjeros, ricos, pobres, manifestantes, quienes callan o los medios de comunicación— como los únicos responsables de los males del país, y advirtió que el verdadero problema comienza cuando se deja de reconocer la cizaña que habita dentro del propio corazón humano.

”Porque cuando todos creemos que la cizaña es siempre el otro, dejamos de preguntarnos cuánta cizaña puede haber también dentro de nosotros. Jesús nos habla hoy de un campo en el que crecen juntos el trigo y la cizaña. Así es nuestra sociedad. Así son nuestras familias. Así es la Iglesia. Así es también nuestro propio corazón”, explicó el prelado.

El llamado eclesial enfatizó que, si bien la sociedad actual juzga con demasiada rapidez a través de comentarios y redes sociales, destruyendo reputaciones sin conocer historias ni heridas, el Evangelio enseña un camino distinto. Se aclaró que la paciencia cristiana y la tolerancia no significan debilidad, indiferencia ni complicidad con el mal, ya que la verdad no es igual a la mentira ni la honestidad a la corrupción; sin embargo, ser misericordioso implica luchar firmemente contra las injusticias sin adoptar el odio ni los métodos de aquello que se combate.

”Ser misericordiosos significa luchar contra el mal sin convertirnos nosotros mismos en aquello que combatimos. Significa defender la verdad sin odio, exigir justicia sin venganza y corregir sin destruir a la persona”, expresó.

La reflexión subrayó que, aunque Panamá necesita con urgencia instituciones sólidas, transparencia, combate a la corrupción y oportunidades para los jóvenes, ningún cambio estructural o de leyes será suficiente si no cambia primero el corazón humano. En este sentido, se afirmó de manera contundente que la nación no requiere únicamente de ciudadanos convencidos de tener siempre la razón, sino de personas dispuestas a la conversión y a asumir su cuota de responsabilidad en la convivencia social.

Finalmente, la homilía recordó que la transformación de un país no surge exclusivamente de las grandes oficinas o palacios, sino de los pequeños gestos cotidianos inspirados en la levadura y el grano de mostaza.

“El Reino de Dios y la renovación nacional se construyen en silencio cuando cada ciudadano decide vivir con honestidad. Comienza cuando un servidor público rechaza la corrupción; cuando un empresario paga justamente a sus trabajadores; cuando un profesional cumple su deber con ética; cuando un padre dedica tiempo a sus hijos; cuando un joven decide que no todo camino fácil es un camino correcto; cuando una persona deja de difundir un rumor y se compromete con la verdad”, concluyó.

El arzobispo también respaldó la labor de la Campaña Arquidiocesana, destacando que cada aporte y voluntario representa una semilla que sostiene obras sociales y forma a futuros sacerdotes. Bajo el lema “Cristiano, la Iglesia eres tú”, se invitó a la ciudadanía a salir de las gradas, actuar con honestidad y ser “trigo” activo, ya que la transformación de Panamá no depende de lamentos, sino del compromiso diario con el bien común.

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