Cultura

Hadassah: El hospital de Jerusalén que innova en tiempos de guerra

El emblemático complejo universitario que atiende a más de un millón de pacientes al año, con tecnología robótica

05 de junio de 2026

La tecnología, la innovación y la alta preparación del personal de salud convergen en el Hospital Universitario Hadassah, en Jerusalén. En este centro, todos los ciudadanos, sin importar su origen, estrato social o poder adquisitivo, tienen derecho a recibir los mismos tratamientos de vanguardia.

El origen de esta institución se remonta a las grandes olas migratorias de 1892 y 1904, consolidándose hace más de un siglo gracias a la iniciativa de la organización de mujeres sionistas Hadassah. Jeanne Vachon-Flores, subdirectora de Programas y Desarrollo del hospital, explica durante un recorrido por el complejo cómo ha crecido la institución para responder a las necesidades de la región: “En 1933 abrieron el primer hospital universitario de la zona. En los años 50 se inauguró el segundo campus y, en 1967, la reunificación de Jerusalén también supuso la reubicación de Hadassah. Desde ese momento contamos con dos campus principales”.

Actualmente, cerca de 7,000 profesionales trabajan en la institución, atendiendo a más de un millón de personas por año. Los médicos operan en ambos complejos: uno enfocado en la atención directa y el otro en la formación de las futuras generaciones de la Escuela de Medicina, Enfermería, Salud Pública, Farmacia y Odontología. El alcance del hospital cubre toda la región, extendiéndose desde el Mar Muerto hasta Beerseba.

Hadassah opera bajo un sistema mixto. “Este hospital es público y gratuito para todos los ciudadanos a través de sus seguros de salud. También existe la opción privada, en caso de que alguien requiera consultar con un especialista de manera inmediata y no esperar un mes por una cita”, detalla Vachon-Flores.

El complejo es casi una ciudad independiente; el campus de Ein Kerem cuenta incluso con un centro comercial y restaurantes diseñados para los familiares que esperan, para quienes prefieren alternativas a la comida hospitalaria o para los médicos que cubren turnos dobles. En el Centro de Maternidad y Pediatría se respira innovación: las instalaciones incluyen áreas de juego y el sistema de Saniclowns (payasos terapéuticos), un programa formalmente aprobado por el Ministerio de Educación.

Medicina bajo fuego y neutralidad ética

La realidad geopolítica de la región marca de forma inevitable el día a día del hospital. El cuarto de urgencias cuenta con consultorios blindados y a prueba de bombas, diseñados para mantener la operatividad ante cualquier ataque. En estas salas equipadas para emergencias extremas, el código de ética médica se pone a prueba de forma radical.

“Cuando hay un ataque, los pacientes que llegan no son solo las víctimas; a veces también son los perpetradores que resultaron heridos en los enfrentamientos. Ha pasado muchas veces que en una cama tenemos a una víctima y en la de al lado al atacante”, relata el personal, bajo la condición de que estos últimos permanezcan bajo custodia militar. “Una vez que el paciente está desarmado y herido, nuestra labor como médicos es prestar el servicio”.

Esa misma infraestructura de seguridad de nivel de Estado protege las áreas críticas. La Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) alberga un refugio blindado diseñado para que nada interrumpa el soporte vital de los pacientes. Por estas instalaciones médicas de máxima seguridad han pasado figuras históricas de la política israelí, como los exprimeros ministros Ariel Sharon y Benjamín Netanyahu.

La vanguardia médica del hospital se observa también en sus salas híbridas, espacios de vanguardia donde cirujanos y cardiólogos combinan esfuerzos en tiempo real para procedimientos complejos como la sustitución de válvulas cardíacas, consolidando a Hadassah como un referente global de la medicina moderna en el corazón de Oriente Medio.

La vanguardia médica del hospital se observa también en sus salas híbridas, donde médicos combinan esfuerzos.
“Cuando hay un ataque, los pacientes que llegan no son solo las víctimas; a veces también son los perpetradores”.
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