Guillermo Rodolfo Valdes Charris, distinguido periodista y diplomático
Hace poco en Macaracas –distrito de la provincia de Los Santos con auténticos tintes folclóricos– el amigo, publicista, empresario y radiodifusor Rodrigo “Canita” Correa me dijo: “Emilio tu eres la persona ideal para escribir sobre la vida de Guillermo Rodolfo Valdés”.
Después de escuchar sus palabras, como a eso de las nueve de la noche, sonó el tradicional cacho de Macaracas, y siguiendo la tradición, la gente se recogió en sus casas para ver televisión, escuchar Radio Península o sentimentalmente, abrigarse con la persona amada. Me fui a dormir con la idea clavada en el pensamiento y he aquí lo que germinó de aquella sugerencia que me hizo “Canita Correa’’. Cuando el egoísmo deje ser una miserable actitud social, y empecemos a reconocer los valores intelectuales que, de una forma u otra, son tesoros de la patria, en el mármol de los recuerdos históricos, deberá cincelarse el nombre de Guillermo Rodolfo Valdés Charris.
Guillermo Rodolfo Valdés Charris, durante su transitar por los medios de comunicación social –en ese diario peregrinar en la búsqueda, redacción y divulgación de la información, se convirtió en centinela de los acontecimientos políticos, económicos y sociales o de aquellos hechos embriagados de pesares. Utilizó su estilógrafo como cimitarra al servicio de la nación; en sus fascinantes escritos blandió un estilo diferente, cautivador, haciendo agradable la lectura.
Saboreando la satisfacción del deber cumplido, ejerció con destreza el periodismo, difícil apostolado donde solo destellan aquellos que tienen vocación innata. Valdés, después de transitar por un mundo lacerado de incertidumbres donde tronaron cañones que arrancaron gritos de dolor, o sonaron panderetas de alegrías, lentamente se acerca al destino de toda persona.
Está envejecido, cargando un fardo de 93 años; el rítmico palpitar de su existencia disminuye. Su esposa Aida R. Díaz de Valdés e hijos Delia Magdalena, Ignacio de Jesús, Gabriel Horacio, Rodolfo de Jesús, Aida Elena y Ana Elisa Valdés lo acurrucan con cariño mientras el héroe de las letras espera el llamado final de Jesús, el más sobresaliente de los insurgentes universales, vilmente crucificado en el Gólgota.
Sus escritos tenían cierto magnetismo que atraían la atención. En 1963 cuando se crea la Dirección General de Información y Relaciones Públicas del Gobernador de la Zona del Canal, y primera oficina de prensa y relaciones públicas del Canal de Panamá -época en que la vía interoceánica era administrada por los “gringos”, Guillermo Rodolfo Valdés es el primer panameño en ocupar tan significativa butaca. A principios de la década de los años sesenta, el gobernador de la Zona del Canal Robert J. Fleming, le confirió la “Llave de Oro del Canal”.
De 1964 a 1969, fue Embajador y Ministro Plenipotenciario de Panamá ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando ese organismo internacional tenía como Secretario General a U Thant, ciudadano de Myanmar que ostentó el cargo de 1961 a 1971 cuando en América Latina y, especialmente en el Caribe, se desataron llamaradas de nacionalismo, mientras los estadounidenses combatían en la horrorosa guerra de Vietnam. De 1964 a 1965, fue miembro de la Junta Nacional de Censura de Espectáculos; Director General de la Defensa Civil en 1968; primer Director General de Información y Relaciones Públicas del Estado en el período comprendido de abril a septiembre de 1969.
Sus columnas – redactadas en un estilo especial – se publicaron en los diarios La Hora, Crítica, La Prensa, El Día, El Sol, Crítica y Matutino. Con la destreza del guerrero que no sucumbe ante los retos, dirigió periódicos como Hoy, El Día, La Prensa, El Sol y simultáneamente el Panamá América, Matutino y The Panamá American (diario que se editó en inglés). Fue corresponsal de la Agencia Orbe Latinoamericana, Radio Nueva York, y en 1969, supervisor de informaciones de la Agencia Mexicana de Noticias en Nueva York. Llueve salpicando esta tierra bendita llamada Panamá para que surjan nuevos periodistas con igual o mejor talento.
*El autor es periodista.
Emilio Sinclair
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