Los robots comienzan a percibir y adaptarse al entorno en tiempo real con los sensores microelectromecánicos (MEMS), con tamaños diez veces más pequeños que la pata de una hormiga, que les dotan de algo parecido a los sentidos humanos para que puedan tocar, ver y orientarse.
La automatización ha entrado en una nueva etapa impulsada por la inteligencia artificial, que ha permitido dar el salto de la programación de cada movimiento a un enfoque con el que se enseña a una máquina cómo decidir lo que debe hacer.
Este punto de inflexión que vive la robótica tiene en su centro los sensores MEMS, que actúan...