En un deslucido galpón entre las viviendas de hormigón del norte de Rio de Janeiro, bailarines y percusionistas de samba practican sus ritmos para un desfile carnavalesco del que pocos turistas han oído hablar.
Restos de carrozas y decorados donados de desfiles pasados están esparcidos por el lugar, que se encuentra bajo un viaducto y hace las veces de estacionamiento de una escuela de conducción.
La escena contrasta radicalmente con el espectáculo mundialmente famoso del Sambódromo de Rio, que arranca este domingo y que, según los críticos, se ha vuelto cada vez más distante de los barrios pobres...