A pesar de los esfuerzos que se han realizado en los últimos veinte años, los medicamentos se convirtieron en artículos de lujo y ningún gobierno ha logrado que sus precios vayan hacia abajo.
Quinquenio tras quinquenio se aprueban leyes y se adoptan medidas, bien intencionadas, pero con un efecto a corto plazo.
Lo mismo pasa con los libros. Cuando pensamos que el acceso a los conocimientos debe ser universal, el valor de un libro, de los cientos que utilizan los jóvenes en su edad escolar, está por las nubes. La salud y el conocimiento son cada vez más caros.