El gran desafío de las celebraciones del Carnaval es que sigan siendo alegres, seguras y familiares.
Es hora de reconocer que los últimos años, en varias comunidades la vulgaridad y el sexismo se han apoderado de las principales actividades del dios Momo.
Cuando un evento masivo se rebaja a lo más vulgar e inclusive organizadores o medios de comunicación la masifican, la sociedad debe reaccionar para recuperar el concepto original de los culecos, bailes y sanas confrontaciones entre tunas, reinas y calles.
No se puede normalizar o aplaudir la chabacanería que irrespeta la cultura y una sana diversión....