Tragedia en Alto Terrón

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Terrorífica, dantesca, inimaginable  e inconcebible: lo sucedido en el pequeño poblado  de Altos del Terrón en la comunidad indígena de Ngabe Buglé, con un grupo de indígenas  que fueron sometidos a castigos físicos  hasta la muerte, por operadores de una secta religiosa.

De acuerdo a las informaciones plasmadas en los periódicos del país, narran que fueron rescatadas 14 personas, algunas con golpes y quemaduras en distintas partes del cuerpo y se detuvo a 10 personas, quienes presuntamente eran los líderes de la secta religiosa, a la par se exhumaron siete cadáveres de una fosa común.

Seis de los cuerpos eran de niños y uno de una persona adulta. Todos los cuerpos fueron reconocidos por los familiares y el Ministerio Público dio la orden de sepultarlos nuevamente por el estado en descomposición  que se encontraban.

La pregunta es; por qué la comunidad donde operaba esta “secta”,  nadie se percataba de las torturas , sufrimiento, del abuso,  de la muerte de sus adeptos; hasta que algunos  se escapan y dan cuenta del vejamen y martirio a la que eran sometidos.

¿Como llegan estas agrupaciones  al país, quien le otorgan las visas  y los permisos de  operar una “iglesia” una secta?

¿Quien los supervisa, donde queda la seguridad de la nación?  La otra pregunta y que sirve de sugerencia; el gobierno nacional, el Estado deberá conformar un grupo interdisciplinario que recorra estas  comunidades ubérrimas periódicamente, llevando  servicios básicos de medina, orientación, educación, asistencia social y de seguridad nacional, que los hechos demuestran que no lo hacen y los pueblos  están de la mano del buen  Dios.

Si  bien es cierto la constitución política de la nación garantiza la libertad de culto en el territorio nacional, las mismas tienen regulaciones nacionales y municipales.

Y sin ir más lejos; solo basta abrir las páginas de los diarios nacionales  y escuchar programas radiales y veremos cuantos brujos, chamanes, curanderos  y mecías , como los mejores charlatanes que ofrecer la salvación, la cura y  la buena suerte con la venia de las autoridades, hasta que surgen, suceden estas tragedias sin nombre.

 

Melquiades Valencia 
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* El autor es periodista. 



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