Tambores, gongs y arroz: los rituales del trono del Crisantemo

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En la reciente primavera boreal los japoneses fueron testigos de la primera abdicación de un emperador en dos siglos. El martes, serán testigos de la ascensión al trono de su nuevo soberano, durante una breve pero suntuosa ceremonia.

Naruhito, quien el 1 de mayo se convirtió en el 126º emperador de Japón, se vestirá con ropas tradicionales japonesas para las ceremonias ante unas 2.500 personalidades, para anunciar su llegada al trono del Crisantemo.

- La proclamación -

La proclamación ocurrirá el martes a partir de las 13:00 (0400 GMT) en el "Salón de los Pinos" (Matsu no ma), el más elegante del palacio imperial de Tokio, en presencia de apenas treinta personas, mientras que el resto de los participantes permanecerá en habitaciones anexas.

Apenas media hora en total, una coreografía milimétrica y realizada sin una sola palabra de instrucción, solo puntuada por tambores y gongs.

En primer lugar el emperador debe ascender, en sentido estricto de la palabra, al trono llamado Takamikura, una estructura octogonal alta ricamente decorada con oro y negro, colocada en una plataforma y cubierta con cortinas de color púrpura.

A un costado se encuentra el trono reservado a la emperatriz Masako, un poco más pequeño.

Desde ese estrado el emperador declarará su ascenso para recibir las felicitaciones del Primer Ministro.

Shinzo Abe entonces gritará tres veces "¡banzai!" (literalmente "10.000 años", que significa "larga vida al emperador") alzando los brazos.

Los invitados también deberán repetir esta palabra, a excepción de los extranjeros, a quienes se les permite abstenerse.

Los padres de Naruhito -el ex emperados Akihito y su esposa Masako, ahora llamados Emperadores Eméritos- estarán ausentes de la ceremonia.

En tanto, la única hija de Naruhito, la princesa Aiko, y el príncipe Hisahito, hijo del príncipe Akishino, hermano menor de Naruhito, no serán admitidos porque son menores de edad.

Dos de los tres tesoros imperiales -una espada y una joya, considerados como pruebas esenciales de la legitimidad del emperador- permanecerán ocultos bajo telas durante estos treinta minutos altamente simbólicos.

- El desfile, postergado -

El emperador debía cambiar su ropaje tradicional por un traje de gala, para desfular ese día en Tokio con su esposa Masako -ella, con vestido largo y tiara- a bordo de un automóvil descapotable convertible Toyota Century, pero el desfile fue aplazado hasta el 10 de noviembre.

El poderoso tifón Hagibis, que sembró la desolación a su paso, obligó al gobierno a posponer este gran momento festivo, la culminación de una ceremonia programada durante varios meses.

En 1990, cuando se proclamó el ascenso de Akihito al trono, más de 100.000 personas asistieron al desfile.

- Arroz divino -

En noviembre el emperador retomará sus ropajes tradicionales para participar de un ritual tradicional profundamente arraigado en las creencias sintoístas.

Durante este "Daijosai", que se remonta a más de un milenio, el soberano ofrecerá arroz recién cosechado "a los ancestros imperiales y las deidades del cielo y la tierra" para agradecerles por la abundante cosecha y por la paz".

Los rituales y ceremonias han sido modificados con el tiempo, pero los detalles han sido cuidadosamente guardados en el Palacio Imperial en Tokio y en Kioto (antigua capital, en el oeste), explicó Keiko Hongo, profesora del Instituto de Historiografía. de la universidad de Tokio.

"Si quisiéramos resucitar una ceremonia que ha desaparecido hace 500 años, pienso que podríamos hacerlo", dijo durante una conferencia de prensa.