Una ausencia rara vez comienza con una despedida. Primero es un lunes. Después, dos días seguidos. Más tarde aparecen una tarea sin entregar, un mensaje sin respuesta y una silla vacía demasiado tiempo. Cuando la escuela pronuncia la palabra “abandono”, la historia llevaba semanas pidiendo ser escuchada.
No siempre hay desinterés. Puede haber transporte irregular, enfermedad, ansiedad, dificultades económicas o la sensación de que las matemáticas no tienen relación con la vida. Si miramos la ausencia cuando ya es estadística, llegamos tarde. La pregunta es: ¿qué podemos hacer juntos antes de que...