Pasada la entrada del metro, varias vitrinas exhiben jarras, lámparas y otros tesoros de la antigua Roma, una particular bienvenida a la estación del Coliseo, que abrió sus puertas el martes tras 13 años de obras y un desafío tecnológico sin precedentes.
Con cuatro niveles y una profundidad de hasta 32 metros en el corazón de Roma, la estación “Colosseo-Fori Imperiali”, en la tercera línea de la capital italiana, tiende un puente entre el transporte moderno, la arqueología y la ingeniería.
Fruto de una proeza técnica y arqueológica, ofrece, además de la interconexión con la línea B, una visión inédita...