Apoyada del bastón o la barra en su estudio de ballet en Santiago, Evelyn Cordero arquea un brazo y corrige la postura a sus alumnas, varias octogenarias. A sus 100 años, le brillan los ojos cuando dice: “Incluso en mis sueños, bailo”.
En un Chile donde la depresión golpea especialmente a la vejez, la anciana bailarina dirige desde 1994 una escuela de ballet que acoge a estudiantes de entre cuatro y 80 años.
Tiene una descendencia de cinco hijos, 14 nietos y 19 bisnietos y fue hace poco incluida entre las 100 Líderes Mayores en Chile, de la Fundación Conecta Mayor, destacada por su labor en la danza...