Nuestro sistema de salud está enfermo
Hablar del sistema de salud pública en Panamá es referirse a una herida abierta que, lejos de cerrar, se agrava con el paso del tiempo. Los ciudadanos, en vez de encontrar alivio en los hospitales y centros de atención, suelen enfrentarse a una realidad marcada por carencias, indiferencia y condiciones indignas que ponen en riesgo la vida misma.La primera gran dolencia es la falta de medicamentos. Resulta inaceptable que pacientes con enfermedades crónicas —diabéticos, hipertensos, personas con cáncer— tengan que peregrinar entre farmacias privadas porque los hospitales no cuentan con lo básico. Esta escasez no solo genera un costo económico adicional, sino también un costo emocional incalculable para quienes dependen de un tratamiento constante.A ello se suma la mala atención. No se trata únicamente de largas filas y citas diferidas por meses, sino también de la falta de trato humano. El enfermo no es un número, es una persona con dignidad, pero la deshumanización en el trato se ha vuelto casi una regla. No todos los funcionarios de salud caen en ello, pero el sistema termina arrastrando a los mejores a una rutina de desgaste y frustración.a más importante para una sociedad saludable. * Periodista.