El mercado público del “Terraplén”

  • Víctor De La Hoz
      Victor de la Hoz |

      Recuerdo este sitio emblemático que representa y forma parte de nuestra historia patria, cuando acompañaba a mí abuela Carmen Peña, o cuando ya adolescente acudía al Mercado Público a efectuar algunas compras junto a mí madre Guillermina.

      Casi un siglo de historia mantuvo esta infraestructura que en el año 2006 fue demolida para darle paso a otra era, en sus terrenos se construyó la Plaza V Centenario transformando el panorama, que ahora es visitado por turistas y con vista al mar Pacífico.El bullicio era el ambiente característico que se vivía día a día, donde se escuchaban las voces de los vendedores de verduras, frutas y otros productos traídos por campesinos para lograr llevar el sustento a sus hogares. 

      En los exteriores cerca de una estrecha calle habían pequeños kioskos en los cuales se ofrecía a la venta artículos electrodomésticos, accesorios y repuestos para autos de segunda mano. 

      En el interior del mercado, el piso siempre mojado, y un olor a marisco era otra de la característica, acompañado del bullicio que resonaba por las voces de los vendedores de carnes y marisco ofreciendo cada uno su producto.

       A la salida estaban ubicados los vendedores de billetes de lotería en que cada domingo era un acontecimiento por la algarabía de los billeteros que ofrecían el número de billete o chance que era la cábala.

      Aquí usted podía refrescarse con las bebidas como la tradicional resbalaladera que vendía una señora obesa, de tez blanca, el producto estaba preparado en un enorme recipiente de metal, y se observaba los tucos de hielos y el recipiente sudando el frío, que en un día caluroso invitaba a beber está rica resbaladera; otros locales vendían chichas de frutas naturales, y afrodisíacas. Los vendedores de granos como porotos rojos, arroz, frijoles mantenían el producto en unos bancos de madera, y con un cucharón de metal te servían la cantidad deseada.

      A unos cuantos metros estaba el muelle fiscal con una actividad impresionante, por los pescadores de barcos bolicheros y pescadores artesanales, como el transporte marítimo hacía el Archipiélago de Las Perlas. El olor del mar era muy fuerte, y el mismo tenía un color verde que resaltaba.

      A este ambiente de bullicio se sumaba también ese movimiento de la bajada de Salsipuedes.

      Víctor De La Hoz 
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      *El autor es periodista. 



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