Rumbo a vacunar en áreas indígenas

  • Roberto Rolando Rodríguez
      Roberto Rolando Rodríguez |

      La covid-19 o mejor conocido en el mundo como coronavirus se convirtió rápidamente en una infección pandemia que ha recorrido el mundo a una velocidad impresionante.  La diferencia entre la gripe del año  1918, que tardó en recorrer Europa y luego llegar hasta los Estados Unidos de América, tras atravesar el océano Atlántico, ya en territorio Continental, su efecto es el mismo: rápido el contagio con millones de muertos y efectos sociales y económicos.

      El virus SARS2 se esparció gracias a la evolución del transporte moderno de los seres humanos que viaja por los cielos. Un fármaco anticovid no lo había, y la celeridad para lograrlo fue un triunfo de la ciencia que consolidó seguridad y su efectividad, en tanto la capacidad de producción aún es lenta ante la demanda humanitaria mundial que se traduce en miles de miles en millones por unidad. La distribución tiene una logística complicada y la vacunación requiere de organización con planificación y profesionalismo preciso. Son detalles que muchos no siguen ni observan, empero a la hora de opinar lo hacen sin tomar en cuenta los esfuerzos realizados porque vale e interesa más la crítica negativa y destructiva y darle rienda suelta por las redes con falsedades.

      La COVID no viaja en maletas por avión. Se hospeda y esconde, pese a ser enemigo invisible, en gargantas y en órganos de los humanos. Una dosis de vacuna anticovid requiere de extremo cuido y llevarlas a lugares inaccesible e inhóspitos, es una odisea y riesgo porque pese a la cercanía terrenal es más fácil un viaje en nave espacial al planeta Marte. En otras palabras, llevar una dosis de vacuna anticovid a estas regiones del país, es mil veces más difícil que viajar al espacio sideral, sin embargo, el ingenio humano no lo hace imposible una maniobra feliz. Kankintú, en la comarca Ngäbe-Buglé, cuyos habitantes son tan panameños como todos nosotros y adonde un helicóptero no puede posar y llevar el menjunje, motiva del movimiento de mis dedos sobre el teclado del computador. Quien tomó estas fotos, tal vez, no imaginó el editorial que se interpreta a la vista del ojo humano. Es una contribución a la concienciación de cómo hacer patria y no es una crítica sin sustento humano.

      Caminar entre montañas y caminos accidentado con un cargamento de vacunas al cinto cruzado y sostenido con sus hombros, subir a una góndola corrediza ajustada a una catalina para rodar por un cable de acero sobre un río caudaloso y de mal humor, es lo que defiendo y admiro. Y lo simplifico y recalco como un significado a salvar vidas y hacer patria al mismo panameño como tú que vive en lo recóndito y tiene igual derechos tanto a la salud como a la vida.

      Roberto Rolando 
      Rodrí[email protected] 



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