Contrasentidos

  • Julio Bermúdez Valdés
Julio Bermúdez Valdés |

La etapa de la pandemia ha sido un periodo especial, excepcional por no quitarle su esencia, que ha representado para Panamá, como para otros países, sacrificios en todos los sentidos: económico, social… muchos de los programas que se desarrollaban hasta marzo de este año debieron ser reconsiderados, y los recursos destinados a tareas precisas se debieron desviar hacia la urgencia: la lucha contra el coronavirus.

Porque todos coincidiremos en que la vida de los panameños está por encima de todo. ¿Verdad? 

Previo a esa etapa, el hueco financiero con que el gobierno recibió el país, y que algunos prefieren que no se mencione, obligó al presidente Laurentino Cortizo a buscar recursos en la banca internacional, y gran parte ha ido a las urgencias de salud.

La hora del balance llegará. Pero en medio de esta tormenta sanitaria, que en el mundo ya afecta a más de 4 millones de personas, sobresalen en el foro dos conductas extrañas, quizás hasta reprochables: un intento por reorientar el discurso público colando como prioridad temas de vieja data que nadie resolvió, y provocaciones evidentes destinadas, como hemos dicho con anterioridad, a quebrar la autoridad oficial en medio de la pandemia.

El tema de la Caja de Seguro Social, por ejemplo, debió ser atendido en el quinquenio pasado. Hasta esa fecha solo un gobierno PRD había sido lo suficientemente responsable como para encarar ese reto y extender por más de diez años la existencia del programa de Invalidez, Vejez y Muerte. 

Pero la administración de Juan Carlos Varela la evadió, jamás presentó los informes actuariales, tres directores sucesivos estuvieron en el cargo sin atender el asunto, y al final se escurrió el bulto a la nueva administración. Aunque un hecho, sospechosamente los que hoy promueven el debate dejan ese tema por fuera.

Pero para algunos esa discusión es urgente, ¡ahora en medio de la pandemia, cuando lo verdaderamente urgente es la vida de la población, detener los contagios, mantener la disciplina social, la solidaridad con los grupos vulnerables que carecen de recursos para enfrentarse a los retos de COVID-19. 

¡Ese es el problema! Pareciera que hay quienes han visto en el tema de la Caja la bandera política que los lleve a la presidencia en 2024, la puerta por donde colar conceptos no tan ciertos, con el evidente propósito de socavar al gobierno, cuando el tema sobre la mesa es detener al pequeño criminal llamado coivd-19. 

Y esa conducta, la que trata de desviar esfuerzos y discursos, reemplazar la lucha contra la pandemia por la politiquería en la coyuntura, tiene un nombre: se llama oportunismo. Un oportunismo que reemplaza la vida por la ventaja política, sin que importen las consecuencias.

En una de esas medidas coherentes, que ya caracterizan al gobierno de Cortizo, ayer el mandatario pidió a los directivos de la Caja posponer cualquier medida que vaya a afectar a la población panameña. Posponer, no eludir. 

El tema de la Caja no se puede, no se debe y tampoco se va a eludir, pero hay que definir los tiempos si se quiere abordar con la seriedad que reclama.

Cortizo ha hablado de un debate franco y abierto, amplio. Con seguridad muchos de los que ahora, en medio de la pandemia, reclaman transparencia, y exponen su sabiduría al respecto, podrán explicar por qué, en su momento, fueron incapaces de resolverlo tiendo la oportunidad a mano.

El de la Caja de Seguro Social, no es tópico con el que pueda jugar, es epidérmico, eriza a la comunidad con toda la razón porque todos los panameños cotizamos y nadie debe pretender jugara la demagogia con un asunto tan sensible.

 

Julio Bermúdez Valdés
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* Periodista. 



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