Bermúdez Valdés: ¿Hambre o apertura de comercio?

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Julio Bermúdez Valdés |

Al menos tres consignas prevalecieron el fin de semana: presiones para la apertura del comercio porque “esto ya no aguanta más”, “el hambre” del pueblo, entre manifestaciones y pailas, y una masiva cantidad de mensajes contradictorios en las redes.

Lo que llama la atención es que detrás de cada uno parece haber una propuesta que no aflora, que se oculta, que madura entre advertencias y amenazas.

En el caso del comercio, parece estar la preocupación de los grupos económicos por el prolongado periodo de cierre, van 55 días, la anormalidad que registran Panamá y el mundo porque sin clientes no hay ventas, y “el tiempo es dinero”. Ya no se trata de cuánto habrán perdido las empresas de este sector, sino de cuanto habrán dejado de ganar.  

Curiosa situación si se considera que en los últimos diez años con los gobiernos de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, fue el sector comercial el que dominó el país, impuso sus ventas, precios y movimientos. Contrario a lo ocurrido con el sector agropecuario, arrinconado por una década, sin asistencias ni apoyo y a contravía, padeciendo las importaciones en tiempo de cosecha. 

Es una de las primeras “insatisfacciones” que aflora cuando la administración del presidente Laurentino Cortizo opta desde sus inicios por respaldar a los trabajadores del campo, a los productores, les inyecta dinero y les paga deudas que por cinco o seis años habían sido postergadas. Que extraño, allí en el campo las pailas no han sonado, y “el hambre del pueblo” tampoco ha sido consigna política.

Acostumbrados como estamos a ser un país altamente consumista, por 55 días hemos extrañado, el comercio las ventas, y los consumidores los almacenes y tiendas, porque sospecho que aquello de que los hábitos deben cambiar es puro sueño de la coyuntura.

Nadie se extrañe si pasada la pandemia los viejos hábitos retornen con fuerza, porque cada sociedad se mueve conforme lo indica su clase dirigente.  Y lo que aflora por estos días es un egoísmo perverso que coloca por encima de una medida sanitaria el apetito de lo que se ha dejado de ganar, como si esto último estuviera por encima de la vida.

No importa que entre el viernes y el sábado último el país tuviera la cifra récord de contagios, 370,  o que el domingo alcanzara a 107. Hay que abrir porque hay que abrir. Una petición ante la cual el gobierno debe ser cuidadoso porque si llega a ocurrir que la apertura multiplica con creces los contagios, con seguridad, esos mismos que hoy piden la apertura, correrán a responsabilizar al gobierno por las consecuencias. 

Sería conveniente que el Gobierno intensificara su explicación a la población sobre los riesgos que se corre al promover una apertura que por este momento puede resultar imprudente. India, Francia, Alemania y hasta China han recomendado ser cuidadoso con decisiones como estas.

En ultima y primera instancia, lo que si corresponde es reforzar la producción de alimentos, porque si eso falla entonces si sobrevendrá una hambruna de consecuencias no imaginadas. Sobre las pailas y la campaña en las redes, las primeras aparecen como el colofón de un afán que apunta directamente al corazón del gobierno. Curiosamente mientras que del país desaparecían 15 mil millones de dólares sin explicación alguna hasta ahora, y que llevaban hasta 30 mil millones de dólares la deuda pública, no se escuchó una sola paila, fueron muy escasos y esporádicos los bloqueos de calle. 

Debo concluir que 15 mil millones de dólares no merecen ni bloqueos ni pailas, tampoco los publicitados casos de corrupción de Odebrecht, de los cuales se dicho que “todo el mundo está metido” pero no aparece nadie en las mazmorras. Si se juntan las pailas con los mensajes de redes tal cual han aparecido, habrá que concluir que hay un plan en camino, por lo menos en el de las presiones en busca de fines ulteriores.

Que no es gratuita esta desaforada defensa del “hambre del pueblo” de parte de quienes precisamente la prohijaron sin tiempos de pandemia y ahora aparecen como los mas fieles defensores de un pueblo del que pocas veces se ocuparon. Ahora lo ponen por delante, sin dar la cara y con seguridad en los próximos días aparecerá una que otra cara de capas medias para enardecer a “los hambrientos”. 

No es diálogo para el consenso lo que buscan, sino imposiciones porque el comercio hay que abrirlo y los clientes deben volver, no importa que por un incremento de contagios se muera quien se muera, incluido los hambrientos que dicen defender. 

 

Julio Bermúdez Valdés
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