Riesgos de las bebidas «energizantes»

  • Miguel  A. Mayo.
Miguel Mayo |

Las bebidas energéticas son aquellas cuyo principal objetivo es aumentar la energía para realizar algún trabajo o actividad física. 

En realidad, no proveen energía; o sea que no brindan elementos que puedan utilizarse para realizar trabajos. 

Lo que contienen son diferentes sustancias que actúan como estimulantes, que dan la sensación de fortaleza. 

A través de este estímulo aumentan, de forma temporal, los niveles de catecolaminas (hormonas de alerta), lo que permite un mayor potencial para realizar algún tipo de trabajo en un periodo variable de tiempo.

El mercadeo de estas bebidas es muy exitoso y descansa en que, en realidad, ayudan a elevar la sensación de poder y capacidad física entre los usuarios.

Entre las sustancias más comúnmente utilizadas en estas bebidas están: cafeína, taurina, guaraná (extracto de cafeína), ginseng y vitaminas, principalmente del complejo B. Antes tenían MaHuang (que es básicamente efedra), un potente estimulante que fue prohibido en casi el mundo entero hace unos años, por sus efectos en la salud.

Su mercadeo va dirigido, en su mayoría, a la población joven, y su uso es muy difundido en este grupo, incluyendo niños desde los 8 años. Entre las razones de uso están: -Estudiar más (permite estar más despierto, alerta y, según algunos, «enfocados»).

-Continuar despierto, bailando y fiestando hasta altas horas de  la noche. Esto es muy peligroso, porque las utilizan en combinación con alcohol. En una encuesta entre estudiantes universitarios en 2010, se descubrió que el 54% de los estudiantes las consumían regularmente con este propósito. 

Un estudio brasileño del 2012 pudo mostrar que los chicos que usaban las bebidas energéticas de esta forma, acababan ingiriendo más alcohol que sus compañeros que no las usaban.
En general, las razones de uso más comunes son: -Para «mejorar el desempeño» en los deportes; a pesar de no existir ninguna evidencia, ni siquiera débil, a favor de esto.

-Para sentirse más «fuertes» y «poderosos».

Desde la perspectiva de estudios médicos serios, publicados en revistas científicas importantes, podemos comprobar que estas bebidas no son tan inocuas como pareciera. Entre los efectos adversos para la salud que han podido ser comprobados, podemos enumerar los siguientes: -Irregularidades en la presión arterial y la frecuencia cardiaca (taquicardia y otras arritmias).

-Insomnio y otras alteraciones del sueño.

-Alteraciones de la conducta, con comportamiento agresivo e inadecuado.

-Alteraciones del estado de ánimo.

-Rabdomiolisis (muerte de tejido muscular) por excesivo aumento de actividad muscular y falla renal; y por lo anterior, más deshidratación y falla hepática.

-Convulsiones.
-Infarto de miocardio (en pacientes jóvenes) o inclusive la muerte.

En conclusión:
-Estas mal llamadas «bebidas energéticas» no tienen ningún beneficio terapéutico.

-Los efectos (los conocidos y los no tan conocidos) indican que algunos usuarios, especialmente los más jóvenes y susceptibles, pueden correr riesgos para su salud, con los patrones de consumo actuales y promovidos por los fabricantes.

-Se necesita una gran dosis de educación a los usuarios y potenciales usuarios de estas bebidas, sobre los posibles peligros que conllevan.

Hay algunas condiciones médicas en las cuales están contraindicadas: mujeres embarazadas; niños muy jóvenes; y aquellos con: enfermedad cardiaca o hipertensión, enfermedad renal, problemas hepáticos, diabetes, hipertiroidismo y déficit de atención (tratados con medicamentos estimulantes).

Por todos estos problemas, muchas de estas bebidas están empezando a ser controladas, incluso prohibidas, en algunos países con regulaciones adecuadas.

Miguel  A.  Mayo
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