El coronavirus y el miedo

  • Melquiades Valencia.
Melquiades Valencia |

 Hay gente que cada día se levanta de su lecho con el ánimo y la misión de   arruinarle el día y si puede, la existencia algún ciudadano. Van dejando a su paso veneno, pesimismo, desesperanza, intranquilidad, desmoralización, desaliento, negativismo puro, que conduce a la hipocondría y llegan hasta aupar una histeria colectiva.

Son especialistas. Ya los hemos vivido con otros de menos relevancia. Pero ahora con el Coronavirus que se empino desde la ciudad de Wuhan en China, para saltar al resto del mundo; en Panamá los propagadores del miedo nadan en su ambiente con soltura y holgura, asustando a cuanto ser  se les atraviesa. El miedo que insuflan recorre las casas y ciudades, soplados con inverosímiles historias a través de las redes sociales.

Presencié una discusión con la traída al país, repatriados, los chicos que estudian en China, que fueron aislados por unos 14 días como manda el protocolo de seguridad, para proteger al resto de la población.

uestionaban que fueran recluidos en una escuela, que allí el virus se iba a impregnar a en las paredes y que cuando iniciaban las clases los chicos se iban a contagiar, entre otros argumentos alarmistas.

Otro refutaba que acá pasa gente de áfrica, caribe y oriente con enfermedades como el ébola, VIH y cuanta sarna hay en el mundo y nadie dice nada. No les preocupa y ahora critican a los nuestros que vienen de China. 

Toda esta histeria colectiva y discusiones baladíes lo provoca el rotavirus y los “mete miedo” locales. Pero son incapaces de combatir el mosquito Aedes aegypti en el patio de su casa.

Un médico explica que   la letalidad es del   2% de los casos que se han confirmado, más bajo que otras dos epidemias de coronavirus como el de la gripe y la influenza: que los que han fallecido son adultos mayores de edad, arriba de los 60 o 65 años que tienen una enfermedad de fondo y que son básicamente los grupos de riesgo, de edad avanzada y con complicaciones respiratorias que se le agravan y algunos fallecen. Alejen a los pesimistas.

Melquiades Valencia
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* El autor es periodista. 



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