¿Es Moqtada Sadr el único con la llave de gobierno en Irak tras las legislativas?

El influyente líder chiita Moqtada Sadr lleva meses diciendo que será él quien elija al nuevo primer ministro iraquí, y su avance en las elecciones...
  • Niños jugando frente al retrato del influyente líder chiita Moqtada Sadr, el 15 de julio de 2021 en la capital iraquí, Bagdad
      Bagdad (AFP) |

      El influyente líder chiita Moqtada Sadr lleva meses diciendo que será él quien elija al nuevo primer ministro iraquí, y su avance en las elecciones parece darle la razón. Pero para ello deberá negociar con el grupo Hashd al Shaabi, pro-Irán, pese a su debacle electoral.

      Y es que, aunque el movimiento de Moqtada Sadr haya quedado primero en las elecciones legislativas del 10 de octubre --según los resultados preliminares--, con más de 70 escaños de los 329 que tiene el Parlamento, el bando del líder chiita está lejos de ser el único en poder nombrar al nuevo jefe de gobierno iraquí.

      "Los resultados le dan a Sadr el control sobre el plano político y para las negociaciones. Pero ese no es el único factor importante", subrayó Renad Mansur, del gabinete de ideas Chatham House.

      Así las cosas, Moqtada Sadr tendrá que dialogar con los exparamilitares pro-Irán del Hashd al Shaabi, rivales suyos.

      Esta formación, mayoritariamente chiita, ha perdido más de la mitad de sus 48 diputados, según los resultados preliminares, pero cuenta con la fortaleza que le aportan sus más de 160.000 miembros armados integrados en el ejército y su proximidad con Teherán.

      Otrora baluarte pro-Irán y socio del Hashd, el ex primer ministro Nuri al Maliki (2006-2014) causó sorpresa al obtener una treintena de bancas, que reforzaron su presencia en el hemiciclo.

      En cualquier caso, las fricciones y negociaciones entre las distintas formaciones políticas no deberían trastocar el equilibrio en el que reposa el juego político del país, dominado desde hace casi veinte años por los chiitas.

      - "Amenazas, violencia" -

      En declaraciones realizadas después de los comicios, Moqtada Sadr criticó a "la resistencia", que es como se denominan los aliados armados de Irán en Oriente Medio.

      "Las armas deben estar en manos del Estado, su uso al margen de ese marco debe estar prohibido. Incluso para quienes se reivindican parte de la resistencia", lanzó, aludiendo al Hashd.

      Creado en 2014 para luchar contra el grupo Estado Islámico, el Hashd al Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular) entró en el Parlamento en 2018.

      Tras la revuelta popular de otoño de 2019, sus facciones armadas fueron acusadas por los activistas antigubernamentales de decenas de asesinatos, intentos de asesinato y secuestros.

      A finales de mayo, el Hashd desplegó hombres armados y tanques en la entrada de la Zona Verde de Bagdad, un área custodiada por altas medidas de seguridad, para liberar a uno de sus responsables, sospechoso en el asesinato de un opositor.

      El Hashd conserva "un poder coercitivo, que será utilizado en las negociaciones", apuntó Renad Mansur, sin descartar que ambos bandos recurran "a las amenazas o quizá a la violencia".

      La fuerza del Hashd en el Parlamento, la Alianza de la Conquista, rechazó los resultados de las elecciones y prometió que los recurriría.

      "Estas elecciones son las peores que haya conocido Irak desde 2003", cuando el dictador Sadam Husein fue derrocado, declaró enardecido Hussein Muenes, dirigente del joven partido Huquq.

      El Huquq, vitrina política de las Brigadas de Hezbolá, una influyente facción del Hashd, solo obtuvo un escaño, pese a haber presentado a 32 candidatos.

      El portavoz militar de esa facción acusó al primer ministro, Mustafá al Kazimi, de ser el "padrino" de un "fraude electoral" que habría beneficiado, sobre todo, a un partido recién creado que se reivindica como el fruto de la revuelta popular de 2019.

      - "Primer ministro de compromiso" -

      ¿Pero puede el Hashd contentarse con estar en la oposición? Para el politólogo Ali al Baidar, esto es poco probable. "La política iraquí carece de cultura de oposición, todo el mundo quiere su parte de poder", señaló.

      "La Alianza no quiere que los grupos armados tengan que rendir cuentas. Para ellos, es muy difícil existir fuera de los círculos del poder", agregó.

      Entre bastidores, las negociaciones deberían empezar rápidamente.

      El Hashd puede contar con pactar con Nuri al Maliki, algo habitual. Y, aliándose con formaciones pequeñas, ese bando podría llegar a formar "el mayor bloque" y "nombrar a Maliki primer ministro", vaticinó Hamdi Malik, del centro de reflexión Washington Institute.

      "Esto es algo muy difícil de poner en práctica, pero puede ser el punto de partida para negociar con Sadr y obtener varios puestos dentro del próximo gobierno", explicó.

      En un país con unas infraestructuras muy deterioradas y una corrupción endémica, quedarse con el puesto de primer ministro podría exponer a la corriente de Sadr a las críticas si la situación no mejora.

      "Moqtada Sadr tiene más libertad para exigir más control, pero no es el único jugador", recalcó Malik, quien cree que el futuro primer ministro estará, en cualquier caso, sometido a un "fuerte control" del movimiento de Sadr.



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