La dificultad de vacunar en los pueblos y comunidades aislados

En algunas zonas periféricas del planeta o de difícil acceso, la campaña de vacunación apenas ha comenzado. En otras, los habitantes ni siquiera han recibido...
  • Indígenas Misak usan mascarillas como medida preventiva contra la propagación del nuevo coronavirus, junto a una pared que dice "Use tapaboca" en Silvia, Cauca, suroeste de Colombia, el 9 de marzo de 2021
      París (AFP) |

      En algunas zonas periféricas del planeta o de difícil acceso, la campaña de vacunación apenas ha comenzado. En otras, los habitantes ni siquiera han recibido esta llave maestra que les permitiría pasar página a la pandemia.

      En menos de cinco meses se han administrado mil millones de dosis de vacunas anticovid en todo el mundo, pero la mayoría de ellas se han inyectado en los países más ricos.

      Los campesinos de Colombia

      En las zonas rurales de Colombia a veces reina la desconfianza. Por ejemplo en Cauca (suroeste), los campesinos de la comunidad Misak prefieren los remedios tradicionales a base de hierbas y los consejos de los líderes religiosos.

      El enfermero Anselmo Tunubala, de 49 años, recorre los senderos montañosos de la región a pie y en moto para proponer la vacuna a los mayores de 70 años, pero a veces se topa con la resistencia de los habitantes. Él se esmera en presentar el producto: "Sinovac", precisa. La vacuna china.

      La campaña de vacunación progresa lentamente en Colombia. Solo 4,1 millones de personas (de 50 millones de habitantes) recibieron una dosis única en dos meses. Aún así el gobierno confía en haber inmunizado al 70% de los colombianos para fin de año.

      En las montañas japonesas

      A falta de tres meses para los Juegos Olímpicos, solo el 1% de la población japonesa ha recibido las dos dosis de la vacuna anticovid. Muy por detrás de los otros países desarrollados, Japón comenzó a vacunar al comienzo de la semana, con cautela.

      En la región montañosa de Nagano (norte), rodeada de picos nevados, el pueblo de Kitaaiki (700 habitantes) ha recibido una caja de dosis de Pfizer-BioNTech, suficiente para vacunar a los mayores de 65 años.

      El único médico, el doctor Kazuhiko Matsuhashi, pone unas sesenta vacunas al día.

      Cuando sus pacientes no pueden desplazarse a la clínica, él va a sus casas en su pequeña camioneta blanca. Acudió a la de Kakino Yamaguchi, que a sus 93 años vive sola.

      "Este médico me lleva atendiendo desde hace tanto tiempo que no me preocupaba nada la vacuna. Confío en él", comenta riéndose mientras se remanga la ropa en su brazo enjuto.

      En un dispensario de Sudán

      El norte de Sudán con frecuencia carece de todo, pero las vacunas han llegado. El dispensario de Seer, a unos 40 km de Dongola, ha recibido su lote.

      Gracias al programa Covax, una asociación público-privada dirigida por la ONU para ayudar a los países más pobres, la campaña de vacunación se lanzó en Sudán el mes pasado.

      Se han asignado 3.000 dosis de AstraZeneca a este estado del norte y se ha formado al personal, sobre todo para vigilar posibles complicaciones, explica Mosaab Mohammed, director general del ministerio de Salud del estado del norte.

      "Las vacunaciones comenzaron sin dificultades en el hospital, aquellos que las recibieron no presentaron complicaciones", confirma el doctor Modather Salah Al Haje.



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