En Italia se quiebra el muro de la mafia gracias a los niños

Lucía pidió a sus gemelos de seis años que subieran al automóvil rápido y en silencio, en medio de la noche. Solo cuando estuvieron a...
  • Un niño se apoya en una esquina de una calle de la localidad calabresa de Cinquefrondi, el 6 de julio de 2020 al sur de Italia
Cinquefrondi (Italia) (AFP) |

Lucía pidió a sus gemelos de seis años que subieran al automóvil rápido y en silencio, en medio de la noche. Solo cuando estuvieron a bordo del avión que los sacó de Calabria (sur) hacia un destino secreto en el norte, se sintió por fin libre de su marido mafioso y su familia.

"Sabía que no bastaba con cambiar de barrio o de amigos, teníamos que escapar de todo lo que representaba ese mundo, esa mentalidad", contó a la AFP.

Esa fuga organizada desde la pequeña localidad de Cinquefrondi formó parte de las decenas de operaciones de este tipo iniciadas en 2012 para alejar a los niños, y a menudo a sus madres, de las familias que pertenecen a la poderosa y temida mafia calabresa, la 'Ndrangheta.

El proyecto, impulsado por el juez de protección de menores Roberto Di Bella, es el primero de ese tipo y tiene como objetivo evitar que los niños sigan los pasos de sus padres en el mundo del crimen organizado.

El esposo de Lucía, su cuñado y su suegra habían sido condenados por crímenes relacionados con la mafia, su suegro, por asesinato. Incluso Lucía estaba en libertad bajo fianza en espera del resultado de una apelación contra su condena por asociación con la mafia.

"Si me hubieran condenado a prisión, habría tenido que dejar a mis hijos con la familia de mi esposo y la idea me aterrorizaba", asegura Lucía, de 36 años, cuyo nombre fue modificado para proteger su anonimato, en un testimonio enviado escrito a la AFP. "¡Tenía que evitar que eso sucediera!", dice.

A pesar de las críticas iniciales, el programa judicial se ha convertido en un protocolo antimafia aprobado por el gobierno italiano del que se han beneficiado hasta ahora más de 80 menores.

El juez Di Bella considera que podría extenderse a otras regiones de Italia, así como al extranjero, para evitar que los niños sean víctimas de grupos criminales.

Para algunos, podría también servir como herramienta contra la inclusión de menores en organizaciones extremistas como el grupo yihadista Estado Islámico.

La 'Ndrangheta, que ve esta semana a varios centenares de sus miembros sentados en el banquillo en un juicio en Calabria, se teje sobre a través de vínculos de sangre y no se basa en un reclutamiento basado en los méritos, como ocurre en otras organizaciones mafiosas.

- "El perverso poder de seducir" -

"Los niños con ciertos apellidos están condenados a un destino del que no pueden escapar: la muerte o la cárcel", explicó el juez en una entrevista con la AFP.

La 'Ndrangheta, la mafia italiana más poderosa, presente en los cinco continentes, capta miles de millones de euros a través de múltiples actividades ilegales que van desde el tráfico de cocaína hasta la extorsión.

Aunque existe desde mediados del siglo XIX, la 'Ndrangeta fue clasificada oficialmente como mafia en el 2010.

"Esos niños viven y respiran la cultura mafiosa desde la cuna: una cultura de control y violencia (...), que se aplica incluso contra los propios familiares si se arriesgan a violar el código de honor", recuerda Roberto Di Bella.

Esa mentalidad además "tiene el perverso poder de seducir a los adolescentes", observa Rossella Marzullo, experta en Ciencias de la Educación de la Universidad de Reggio Calabria, quien asesoró al juez para la elaboración del proyecto.

"Están inmersos, sin ningún esfuerzo, en un sistema que les otorga un estatus fácilmente identificable y los hace sentir 'visibles' (...) algo que consideran crucial para su popularidad", analiza en una charla con la AFP.

A sus 57 años, el juez Di Bella, que vive protegido por la policía, tiene 30 años de experiencia en los usos y costumbres de la mafia calabresa.

Sostiene que logra reconocer casi de inmediato a los menores pertenecientes a las varias "'ndrine", los clanes que componen la' Ndrangheta, porque los entrenan desde muy pequeños en ocultar sus emociones para evitar traicionarse entre ellos.

"A menudo han visto morir asesinados al padre, al hermano o a los abuelos. Y según el código de la mafia tienen que vengarlos. Por eso la violencia exige más violencia, una espiral sin fin", añade.

Encaramada en una colina en el corazón de Calabria, la localidad de Cinquefrondi es un laberinto de callejones y plazoletas. Sus habitantes se sientan en sillas de plástico a lo largo de la calle principal, otros conversan de balcón en balcón mientras tienden la ropa recién lavada.

La localidad, de origen greco-bizantino, que hoy cuenta con 6.500 habitantes, se convirtió en sinónimo de mafia después de que dos menores, uno de ellos de tan solo 13 años, fueran asesinados en un tiroteo en una sala de videojuegos en 1998.

Según el actual alcalde, Michele Conia, de 44 años, quien ha sido objeto de amenazas de muerte, la ciudad quedó profundamente traumatizada por ese episodio.

- "Tenía miedo" -

En virtud del programa desarrollado por el juez Di Bella, los tribunales pueden ordenar que los delincuentes juveniles, pertenecientes a alguna 'ndrine, reciban sesiones de psicoterapia, clases de educación cívica y el respaldo de los servicios sociales.

Si es necesario, pueden ser aislados temporalmente en albergues para evitar que cedan ante tentaciones como la posesión de armas o de drogas.

Si eso no es suficiente, el tribunal puede decidir, con la ayuda de la asociación antimafia Libera y de la iglesia católica, que los niños sean trasladados fuera de Calabria y acogidos por familias hasta que alcancen la mayoría de edad.

Las familias no tienen otra opción: la policía y los servicios sociales llegan a sus hogares sin previo aviso para hacerse cargo de los niños afectados.

Dejar Cinquefrondi no fue fácil para Aurora, hija de un mafioso encarcelado, enviada a los 12 años con otra familia, después de que su madre también entrara en prisión.

"Lloré todo el viaje. ¡Quería saber qué había hecho mal! Tenía miedo", contó a la AFP, recordando ese viaje en 2015 con una trabajadora social y bajo escolta policial.

"Siempre sentí que había sido como un castigo. Pero con el tiempo lo acepté", dice Aurora, cuyo nombre también fue modificado.

Durante mucho tiempo, la chica sufrió pesadillas con imágenes de "muerte, armas, escenas de guerra en las que tenía que sobrevivir o salvar a un ser querido", relata un miembro de su nueva familia en un correo electrónico.

Cinco años después, sigue "dividida entre el deseo de hacer lo correcto y el de ser reconocida y apreciada por su familia de origen". Hace tres años Aurora no tiene algún contacto con su padre, tras romper definitivamente los vínculos con él.

"Es un egoísta. Adora su vida de criminal y ha pasado el 90% de su vida tras las rejas, como un animal en un zoológico. Ha arruinado la vida de mi madre, pero también la del resto de la familia", explica la chica.

Aurora se siente culpable de haber convencido a su madre de "dar una segunda oportunidad" al padre, durante una de sus estancias fuera de la cárcel. "Para que pudiéramos ser una familia unida, la que tanto deseaba, como todas las niñas pequeñas", dice.

Para Rossella Marzullo, los adolescentes de las 'ndrine "atraviesan un doloroso y precoz proceso de entrada en el mundo de los adultos" y sufren terribles episodios de miedo y angustia.

- "Viudas blancas" -

"Algunos niños de diez u once años son capaces de empuñar armas, saben dónde esconder la droga y cómo escapar de los controles policiales. Desde pequeños son utilizados como mensajeros de criminales fugitivos, chantajean a comerciantes usando sus apellidos (...) Están completamente involucrados en las luchas locales, a veces incluso asumiendo el papel de asesinos", resume la experta.

Algunos padres han apelado la decisión del tribunal de llevarse a sus hijos, la mayoría de las veces sin éxito. Pero para las madres, preocupadas por el futuro de sus hijos, en última instancia, representa un corte neto con la 'Ndrangheta.

En el caso de Lucía, la justicia tuvo que actuar con rapidez cuando pidió en 2016 si podía esconderse con sus gemelos. Su marido era un 'capo' poderoso, sospechoso de asesinato, y la policía temía que su familia intentara impedir su salida, como ocurre a veces con "suicidios inexplicables o desapariciones repentinas", cuenta Roberto di Bella.

"Estaba aterrorizada la noche en que huimos", confiesa. Reunió el valor necesario ante la idea de construir un "futuro diferente y libre" para sus hijos. "Nadie que haya probado la libertad vuelve a una jaula por su propia voluntad", resume.

En mi vida anterior, "todos mis movimientos estaban condicionados a la autorización de otras personas", recuerda. "Más que como a una esposa, básicamente me trataban como a una esclava", dice.

Roberto di Bella recuerda también cuando fue contactado en secreto por las "viudas blancas", mujeres jóvenes, casadas a la fuerza con hombres que no conocían y que luego terminaron en prisión o prófugos. Cerca de 20 han sido trasladadas a destinos secretos con sus hijos.

"Los hombres saben que la solidez del sistema se basa en la docilidad de las mujeres. Si se quiebra, la fuerza monolítica e inexpugnable de la 'Ndrangheta se derrumba", observa el juez.

Según el código de honor, "las esposas que dejan a sus familias deben pagar con su vida" esta decisión.

A Di Bella le ha tocado juzgar a menores que han intentado matar a su propia madre en nombre del honor de la familia. En unos cinco casos, las familias han intentado sin éxito rastrear a los niños y madres, lo que hizo que tuvieran que ser rápidamente trasladados. Cuatro niños del programa también volvieron a Calabria cuando alcanzaron la mayoría de edad para reunirse con sus familias mafiosas. Los cuatro están en la cárcel.

- "Lavado de cerebro" -

El programa del juez está ya adoptado en el derecho de familia italiano y permite que los niños sean separados de sus padres cuando su situación familiar perjudica su educación y bienestar.

En 1979, un tribunal ordenó la 'exfiltración' de diez menores de Reggio Calabria tras una masacre. Se trataba de la primera vez que se tomaba esa decisión, la cual fue aprobada por la opinión pública.

Pero cuando se lanzó el programa "Libres de elegir", las reacciones fueron menos entusiastas, entre el escepticismo y la indignación.

Roberto Di Bella, quien dejó Calabria en 2020 para dirigir el tribunal de menores de Catania, en Sicilia, publicó un libro sobre esa experiencia en el que recuerda que lo apodaron "el ladrón de niños".

En un editorial, el prestigioso diario Il Corriere della Sera le acusó de organizar una acción digna de "regímenes autoritarios o totalitarios".

También recibió amenazas de padres encarcelados, aunque hubo algunos que acogieron con satisfacción su proyecto. Uno de ellos incluso se unió a su familia en el escondite designado en el norte de la península.

Anna Sergi, criminóloga de la Universidad de Essex, cree que es demasiado pronto para evaluar el éxito del programa, pero estima que en teoría podría aplicarse a otros grupos criminales en los que la membresía se transmite de generación en generación.

Por ejemplo, el Reino Unido ha vivido problemas similares a los planteados por el programa de Di Bella para proteger a los menores que viven en entornos familiares impregnados de extremismo religioso, según Rossella Marzullo.

El juez Giuseppe Spadaro, que trabajó durante años en Calabria, explicó que los muchachos de las 'ndrine "se crían como soldados del Estado Islámico, se les lava el cerebro y se les somete a entrenamiento militar todos los días".

Un grupo de organizaciones especializadas en la prevención del delito, entre ellos el centro de investigación italiano Transcrime, aboga por la aplicación del programa del juez Di Bella en Sicilia, contra la mafia Cosa Nostra.

Pero para Federico Varese, experto en crimen organizado de la Universidad de Oxford, es "algo optimista" creer que la 'Ndrangheta pueda ser derrotada alejando a sus hijos.

Se trata de una "medida extrema que hay que usar con mucha precaución", advierte, ya que los jefes de la mafia también "tienen derecho a ser padres".

Lucía es muy consciente de los límites del programa. Después de huir hacia el norte, fue detenida y sus hijos fueron entregados a una familia de acogida.

Al término de un año fue liberada y sus gemelos regresaron a vivir con ella. Ahora dedica su tiempo con ellos a actividades más propias de su edad, como las clases de natación, y no a enseñarles a cómo navegar en el mundo de la mafia. Pero sigue viviendo angustiada.

"Más que el miedo a que nos hagan daño, temo que todos estos esfuerzos sean vanos. Puedo hacer todo lo posible para inculcar a mis hijos los valores de la libertad y la legalidad, pero no puedo estar segura de qué decidirán hacer en su vida futura", reconoce.



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