Ante la covid-19, los iraquíes temen los hospitales públicos

Um Mariam, comadrona en el sur de Irak, normalmente ayuda a parir a tres mujeres en su casa. Pero con el nuevo coronavirus, está cifra...
  • Un voluntario iraquí trabaja en un hospital, en el centro de Bagdad, el 21 de junio de 2020
Kut (Irak) (AFP) |

Um Mariam, comadrona en el sur de Irak, normalmente ayuda a parir a tres mujeres en su casa. Pero con el nuevo coronavirus, está cifra se ha más que duplicado, pues sus pacientes aseguran que temen contagiarse en el hospital.

En su ciudad de Kut, al igual que en otras partes del país, los hospitales comienzan a estar desbordados y, oficialmente, más de 3.000 sanitarios ya se han contaminado.

"Numerosas mujeres prefieran dar a luz conmigo porque tienen miedo", asegura a la AFP esta mujer de unos cincuenta años ante su cama medicalizada.

En un país que se enorgullecía hasta los años 1980 de tener uno de los mejores sistemas de salud de Oriente Medio, gratuito para todos, los hospitales públicos son ahora aborrecidos.

- Factura desorbitada -

Equipamientos vetustos, personal poco formado, edificios en decadencia y un presupuesto para sanidad que no alcanza ni un 20%, en uno de los países más ricos en petróleo: los hospitales públicos compiten desde hace años con las clínicas privadas.

En estos momentos todavía más, pues la enfermedad de covid-19 ya ha contagiado a casi 130.000 iraquíes y matado a 5.000.

Mayce, de 29 años, debe dar a luz a su primer hijo en unas semanas. Normalmente, habría podido ir al hospital público y, por un precio simbólico, ser atendida.

"Pero como tenía miedo del coronavirus, mi ginecóloga me aconsejó una clínica privada", cuenta.

La factura es desorbitada: casi 1.300 euros (unos 1.500 dólares), "pero todas mis amigas hacen los mismo porque los servicios de obstetricia sirven también para atender a pacientes infectados por el coronavirus".

En la provincia de Wasit, donde se halla Kut, solo uno de los nueve hospitales públicos ha sido transformado en centro de tratamiento de la covid-19.

Pero el número de pacientes recibidos en el resto "se redujo a la mitad", asegura el doctor Mehdi al Shueyli, presidente de la rama local del sindicato de médicos.

"En el primer trimestre de 2020, realizamos 400 operaciones quirúrgicas. Los tres meses siguientes, solo 187", precisa Qader Fadhel, cirujano en el hospital público Al Karama.

- Clínicas desbordadas -

Una cifra directamente derivada a las clínicas privadas.

"Cada día, vienen 200 pacientes, principalmente para operaciones quirúrgicas", afirma un médico de una clínica de Kut que pide conservar el anonimato.

En Kirkuk, al norte de Bagdad, el doctor Kilan Ahmed está igualmente desbordado en su clínica Azadi.

"Las personas con enfermedades cardíacas, con diabetes o que necesitan diálisis, tienen una inmunidad débil y prefieren evitar los hospitales públicos", explica.

Abu Karar, funcionario de 32 años en Bagdad, prefiere también ir a centros privados para tratar a su hijo Hossam de cinco años, que parece anémico.

"Entre las citas y los medicamentos a pagar, no llego, pero prefiero esto que arriesgarme a que mi hijo se contagie en un hospital público", explica.

Pocas son las familias que pueden permitirse tal cantidad en Irak, donde el índice de pobreza era ya del 20% antes de la pandemia.

- Autodiagnóstico -

Los primeros en hacer un dictamen son los farmacéuticos. Uno de ellos, que prefiere no dar su nombre, asegura que él mismo tiene que formular diagnósticos.

"Un 90% de mis clientes me describen sus dolores para que les prescriba medicamentos pues no han visto a ningún médico antes de venir", asegura.

Una vez contagiados, muchos iraquíes optan por quedarse en casa en un país que cuenta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), con 14 camas de hospital por cada 10.000 habitantes.

La fábrica estatal de producción de botellas de oxígeno médico de Taji, cerca de Bagdad, tuvo que aumentar su rendimiento.

"Cada día, producimos entre 1.000 y 1.500 botellas para hospitales, pero también preparamos un centenar de botellas para la distribución a particulares encamados en sus casas", explica Ahmed Abdel Mutlak, número dos de la fábrica.

Pero en Irak, donde reina la corrupción y el mercado de los medicamentos no responde a ninguna norma, la especulación hizo explotar los precios para los particulares.

De la botella de oxígeno a las pastillas de vitamina C y complementos en minerales, los precios en ocasiones se han multiplicado por tres o más.

Muchos prefieren estos tratamientos improvisados que, según ellos, valen más la pena que hospitales disfuncionales.



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