Una vida de rigor

Nestor se sentía obligado a ahorrar. Acumuló tanta riqueza como millas en su tarjeta para gozar, según él, de una vejez inmejorable. La etapa para la cual reservó tanto llegó y así decidió correrse algunos antojos.

 Viajó, pero a sus 75 años  las travesías debían ser limitadas; compró una casa en la playa, aunque visitarla le provocaba cansancio.

Un día pensó: En mi próxima vida (estaba seguro que la tendría) malgastaré un poco más cuando pueda  recuperar lo derrochado. Desde entonces, jamás volvió a  mirar con prejuicio la falta de rigor de los demás.

 

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